jueves, 18 de agosto de 2011

Portugal, la Cruz y la Rosa



Llegar con una edición de las Bucólicas en la mochila a pleno corazón del Xurés es un crimen permitido, pero que tendrá un criminal menos. El paisaje agreste, los peñascos, las águilas, la hierba parda y la escasa arboleda dan cuenta de una imagen de verano que es desde luego melancólica, pero que apenas tiene nada de lírica. Sólo el silencio y el agua fresca de la sierra se escapan del concepto. En el siglo XX el gallego de la lluvia y la niebla venció al de la nieve y la helada, pero el que se sabe de montaña no debe olvidarse de sí mismo.

Llegué a la aldea de Pitôes das Júnias hacia las últimas horas de la tarde, tras un ascenso lento desde la planicie del Salas, que es como mencionar el confín de la geografía española. El empedrado a la romana, los lirios y las cruces eran la representación de un Portugal que había encontrado sin buscar, y que me sobrecogió de pronto. Si la esencia del portugués está en la saudade y en su rey don Sebastián, aquello era la plasmación de la esencia misma. Me dio la sensación de que no había Portugal más puro que el Portugal del norte, y supe lo ridículo del iberismo, corriente que no puede ser más urbana e infame.

Pienso que es un país que España nunca llegará a comprender del todo. Tiene un elemento místico y mágico que es el germen de las cantigas, y que está en clara antagonía con el realismo de la Castilla del Cid. Y hay lugares como este, que parecen querer seguir esperando la llegada de un nuevo don Sebastián, o Bernabé el Encubierto. Lugares en los que ya pensó Pessoa, que ya tienen la Cruz, y que tan sólo hace falta que uno intuya la Rosa. Al fin y al cabo:

Que symbolo fecundo
Vem na aurora anciosa?
Na Cruz Morta do Mundo
A Vida, que é a Rosa.

Que symbolo divino
Traz o dia já visto?
Na Cruz, que é o Destino,
A Rosa, que é o Christo.

Que symbolo final
Mostra o sol já disperto?
Na Cruz morta e fatal
A Rosa do Encoberto.


Vale.

domingo, 17 de julio de 2011

Compostellano de excidio




Contra lo que hace un mes se podría haber sospechado, que hayan robado el Códice Calixtino es algo que ha sorprendido. Al menos a los que no lo conocían (que incluye a bastantes de los periodistas que se han encargado de hacer sonar la noticia), dado que el título del "robo del siglo" aparecía con algo de suerte en algún apartado de los libros de música de la ESO, presentado como una especie de compilación de cantos gregorianos en honor al Apóstol, definición que -afortunadamente- pronto caía en el olvido al ser el Calixtino completamente ignorado por las literaturas de instituto, que en lugar de "literatura gallega" enseñan "literatura en gallego", discusión esta ya muy antigua. En estos últimos diez días, por contra, se ha venido presentando al códice como "la primera guía de peregrinos a Compostela", como si su importancia se derivara de esto, y de que tuviese dibujos.

El Códice Calixtino es la expresión de unos ideales políticos muy determinados, a los que otros ideales políticos muy determinados han reconvertido en la expresión de un pueblo. En algún momento de la primera mitad del siglo XII, surge en el ámbito compostelano el texto conocido como Liber sancti Iacobi, del que nuestro códice ofrece la versión más extensa y que ha servido de fuente para el resto, si exceptuamos ciertas versiones reducidas agrupadas como Libellus. Precede al libro una carta del Papa Calixto II, al que se le atribuyó de forma poco plausible prácticamente la mitad de la composición, y a la que siguen 5 libros de distinto contenido y extensión: una colección de sermones y elementos de la liturgia, una recopilación de milagros del Apóstol, una narración de la traslación de su cuerpo a Galicia, la famosa Historia Turpini o hazañas de Carlomagno en España, y la "guía de peregrinos".

¿Cuál es, pues, el interés y, sobre todo, la genialidad del libro? Desde luego no el que, según algunos, sea un volumen más de literatura de viajes, donde no es precisamente nuevo. El mayor interés de los redactores del Calixtino fue precisamente la glorificación del Apóstol frente a otros santuarios que pudiesen hacerle sombra, y el medio para conseguirlo estaba en presentar la fuerza de sus milagros. En lugar de atribuirlos exclusivamente a un ámbito localista que acrecentase la devoción en la zona, se optó por extender su fuerza a lo largo del mundo, dándole un espíritu universal que atrajo a su tumba a devotos de toda Europa conscientes de que la fuerza de Santiago había actuado también junto a ellos. Las hazañas de Carlomagno, por su parte, son la expresión de un espíritu de Cruzada que en España encontró su sentido en la Reconquista, y que presupone que la cristianización del territorio peninsular asegura la correcta comunicación con Compostela, todo ello bajo el mandato expreso del Apóstol mismo. Por otro lado, un sermón como el Exultemus , que enaltece a Santiago frente a Pedro, redunda en un claro simbolismo de la superioridad de Compostela frente a Roma, y una “guía de peregrinos” que trata los santuarios rivales como meros lugares de interés para visitar durante el Camino será siempre una técnica muy discreta y eficaz de subsumirlas al ámbito compostelano. El objetivo y la base son, pues, la universalidad de Santiago, santo y ciudad; universalidad que desde luego consigue y asienta. No en vano la redacción del códice coincidió con la sustitución del rito hispánico por el romano (unificación de la liturgia de la cristiandad) y la retirada, en favor de la Iglesia secular, del privilegio que los monjes de Antealtares se habían arrogado para el cuidado del sepulcro.

Hace poco más de una semana, sin embargo, desapareció del archivo porque se habían dejado las llaves puestas. Quizá termine apareciendo en manos de algún millonario egoísta y perturbado, o cortado en pedazos en el mercado negro. O quizá no aparezca, y arréglense ustedes con los facsímiles, que al fin y al cabo era lo único que podían ver. Tenía la Iglesia el criterio de su custodia, aunque dos de los tres que tenían permiso para acceder a él eran profesores universitarios, y laicos por tanto. Eche cada cual sus culpas.

lunes, 13 de junio de 2011

Aristóteles contra los místicos, y más allá



Voy a intentar explicar un batiburrillo de ideas sobre el tema difuso del título, algunas de ellas en proceso de edición por parte de cierta persona, que son por lo demás agudas y coherentes, fruto de años de codos en la mesa del despacho.

Uno de los grandes dilemas que se presentan al que se sumerge por su cuenta y riesgo en la crítica literaria de la Antigüedad es la razón por la que la Poética de Aristóteles no trata una sola línea sobre la comedia, el yambo y los "géneros bajos" de la literatura de entonces. El nombre de la rosa mostró en su día su respuesta particular, que no dejó de ser una simpática ficción literaria, y que se reafirmaba en el que el bueno de Aristóteles los trató sin lugar a dudas, pero que el tiempo y las ideologías contrarias hicieron su mella. De todas formas es posible que el silencio sí esté motivado, y en gran medida, por toda la crítica literaria que precedió al Filósofo, que no fue poca, y de la que debe asumirse que estuvo bien al tanto, desterrando la idea preconcebida de que fue pionero y antorcha en una especie de mar de tinieblas.

Si algo tuvo claro la Antigüedad, fue la jerarquía en la que debían organizarse los géneros literarios. Hasta la eclosión en Grecia de la tragedia, el trono lo ocupó la épica homérica, con dos obras, la Ilíada y la Odisea, que en cuestiones de contenido bien poco tienen que ver entre sí. Los personajes de baja condición de la Odisea (el porquerizo Eumeo, o el propio Ulises convertido en mendigo), que jamás aparecerían en la Ilíada, sirvieron de fundamento a Calímaco para elaborar una respuesta a la épica con su tratamiento de historias secundarias o marginales. Ya Bakker probó la diferencia de base: el fin de Aquiles es conseguir gloria y renombre terrenos que irán en perjuicio de él en la otra vida, mientras que el objetivo de Ulises es el regreso a la patria, precisamente lo que Aquiles nunca podrá hacer. Frente a la Ilíada, la Odisea presenta así una visión del mundo de los muertos mucho más esotérica y extraña. Defiende Meuli que el mundo odiseico tendría como trasfondo el discurso del chamanismo escita según el cual el sacerdote viaja al mundo de los muertos en estado catatótico, y a su vuelta narra lo que ha visto de tal manera que parece estar sucediendo en ese mismo instante (Ulises en la corte de los feacios). Frame añade además que este tipo de épica estaría relacionada con la iniciación mistérica, donde la muerte se experimentaba por adelantado, aunque Homero no fuera consciente de esto, pero sí paradójicamente Parménides, por ejemplo, que toma el metro y las formas épicas para expresar su esoterismo filosófico en el poema que conservamos. El modelo de héroe de la Odisea, pues, es el de un peregrino que regresa de un viaje de conocimiento en el más allá, idea que varios presocráticos (Pitágoras, Empédocles y el ya mentado Parménides) cultivaron con mayor claridad y profusión.



Todo esto no es conocimiento baladí. Las creencias místicas griegas partían de la base de que, en algún tiempo pretérito, la humanidad fue portadora de un conocimiento ahora perdido, al que se accede por medio de la etimología (donde está la esencia de la palabra y de la cosa), de donde surgen la exégesis y los exégetas. Nace aquí, pues, la crítica literaria de los místicos, que no sólo se limitó a leer a sí misma como demuestran documentos exquisitos como el papiro de Derveni, sino que además leyó con avidez a Homero buscando extraer de él los elementos de su obra relacionados con los cultos mistéricos que permitan también una interpretación mística. De este modo, como defiende Stuck, aparece como respuesta la Poética de Aristóteles, tratado que busca la claridad y la racionalidad, dando una bofetada de base a toda esta crítica de esoterismo órfico, crítica alegórica.

La radical oposición de escuelas se acentúa con creces en Alejandría. La edición de Homero que realiza Zenódoto está profundamente connotada de las influencias de su maestro Filitas de Cos, partidario de la lectura alegórica y el misticismo, y al que Calímaco toma de referencia. Aristarco, por su parte, deja claro en su Contra Filitas una visión totalmente opuesta y racional. Y es precisamente su idea la que triunfa y pasa a la posteridad.

Hasta qué punto esta interpretación mística tuvo repercusión en la literatura posterior es un tema más espinoso. Es significativo que el poeta Ennio, cuando narra las causas de la Segunda Guerra Púnica, atribuya su desencadenamiento a un ser de rasgos ctónicos similar a los cuatro elementos de Empédocles, que a su vez sirvió de inspiración para la magistral Alecto de Virgilio. Estos dos poetas, épicos precisamente, presentan así una visión negativa de los misterios y de la mística, como elementos perjudiciales para la patria y la ortodoxia social. Es sin embargo en la elegía y la "poesía grácil" de Ovidio donde los misterios se revalorizan, donde se pasa con indiferencia de la religión a la filosofía, reivindicando una interpretación alegórica de las cosas que eleve lo marginal a la categoría de sublime, como ya había intentado Calímaco. Existió, porque esto así parece demostrarlo, una pugna continua entre la ortodoxia aristotélica y virgiliana y el misticismo heterodoxo de los elegíacos y poetas de amor, cuyos fines pretendieron ir mucho más allá de lo que se ha supuesto. Y esta vez sí, el tiempo y el olvido han hecho mella.

martes, 17 de mayo de 2011

Virgilio y la buena nueva



Una imagen algo trasnochada del genio -aunque con poso- es aquélla que nos presenta a una suerte de hombrecillo taciturno, pobre y fracasado, cuyo arte únicamente recibe el aprecio que se le debe años después de haber muerto. Es la figura prototípica en que se encasilla a Bach, y que los románticos se han encargado de asentar y definir.

Virgilio, sin embargo, está lejos de ser el caso. Se le ha retratado como un individuo tímido hasta el extremo y con cierta aversión, o "incapacidad de", de cara al sexo contrario, aunque su éxito literario y su reconomiento social en vida fueron inmensos. Compuso la Eneida con la certeza de la repercusión que tendría y de los fines a que aspiraban él y su emperador, y se convirtió en "autor de escuela" ya en los propios tiempos de Augusto. El conjunto de sus tres obras (la "rueda de Virgilio") se valoró como el culmen de la perfección del estilo y el ejemplo de la evolución en los géneros que deben cultivarse en cada edad de la vida. Durante la Edad Media se le elevó a la cima del canon de los autores paganos, y llegó a trascender a ello: su enigmática cuarta égloga, plagada de elementos mistéricos, se leyó, y no sin criterio, como una predicción del nacimiento de Cristo.

Se trata de un poema corto para el género (el menor de todas las Bucólicas), y hemos de suponer que se pone en boca de la Sibila. Aquí lo subo y traduzco:

Sicelides Musae, paulo maiora canamus.
non omnis arbusta iuvant humilesque myricae;
si canimus silvas, silvae sint consule dignae.

Ultima Cumaei venit iam carminis aetas;
magnus ab integro saeclorum nascitur ordo. 5
iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna,
iam nova progenies caelo demittitur alto.
tu modo nascenti puero, quo ferrea primum
desinet ac toto surget gens aurea mundo,
casta fave Lucina; tuus iam regnat Apollo. 10

Teque adeo decus hoc aevi, te consule, inibit,
Pollio, et incipient magni procedere menses;
te duce, si qua manent sceleris vestigia nostri,
inrita perpetua solvent formidine terras.
ille deum vitam accipiet divisque videbit 15
permixtos heroas et ipse videbitur illis
pacatumque reget patriis virtutibus orbem.

At tibi prima, puer, nullo munuscula cultu
errantis hederas passim cum baccare tellus
mixtaque ridenti colocasia fundet acantho. 20
ipsae lacte domum referent distenta capellae
ubera nec magnos metuent armenta leones;
ipsa tibi blandos fundent cunabula flores.
occidet et serpens et fallax herba veneni
occidet; Assyrium vulgo nascetur amomum. 25

At simul heroum laudes et facta parentis
iam legere et quae sit poteris cognoscere virtus,
molli paulatim flavescet campus arista
incultisque rubens pendebit sentibus uva
et durae quercus sudabunt roscida mella. 30

Pauca tamen suberunt priscae vestigia fraudis,
quae temptare Thetin ratibus, quae cingere muris
oppida, quae iubeant telluri infindere sulcos.
alter erit tum Tiphys et altera quae vehat Argo
delectos heroas; erunt etiam altera bella 35
atque iterum ad Troiam magnus mittetur Achilles.

Hinc, ubi iam firmata virum te fecerit aetas,
cedet et ipse mari vector nec nautica pinus
mutabit merces; omnis feret omnia tellus.
non rastros patietur humus, non vinea falcem, 40
robustus quoque iam tauris iuga solvet arator;
nec varios discet mentiri lana colores,
ipse sed in pratis aries iam suave rubenti
murice, iam croceo mutabit vellera luto,
sponte sua sandyx pascentis vestiet agnos. 45

'Talia saecla' suis dixerunt 'currite' fusis
concordes stabili fatorum numine Parcae.

Adgredere o magnos—aderit iam tempus—honores,
cara deum suboles, magnum Iovis incrementum.
aspice convexo nutantem pondere mundum, 50
terrasque tractusque maris caelumque profundum;
aspice, venturo laetantur ut omnia saeclo.

O mihi tum longae maneat pars ultima vitae,
spiritus et quantum sat erit tua dicere facta:
non me carminibus vincat nec Thracius Orpheus 55
nec Linus, huic mater quamvis atque huic pater adsit,
Orphei Calliopea, Lino formosus Apollo.
Pan etiam, Arcadia mecum si iudice certet,
Pan etiam Arcadia dicat se iudice victum.

Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem; 60
matri longa decem tulerunt fastidia menses.
incipe, parve puer. qui non risere parenti,
nec deus hunc mensa dea nec dignata cubili est.

-------------------------------------------------------------------

¡Cosas un poco mayores cantemos, oh musas Sicélides!
No agradan a todos los sotos y bajos tarayes:
si cantamos al bosque, el bosque sea digno de un cónsul.

Ya llega la última edad del poema de Cumas,
nace de nuevo una hilera ingente de siglos.
Ya vuelve la Virgen y vuelve la edad de Saturno,
ya las alturas celestes envían un nuevo linaje.

Apenas nazca, favorece tú al niño, oh casta Lucina,
con quien la estirpe de hierro termina, y resurge
en el mundo la áurea: ya está reinando tu Apolo.

Vendrá tal tiempo de gloria, Polión, siendo tú el cónsul,
y del año grandioso habrán de iniciarse los meses.
Si de nuestras malas acciones algún rastro inconcreto persiste,
libertarán las tierras, con tu mando, de temores eternos.

Aquél vivirá igual a los dioses, y verá entremezclados
con los dioses a héroes, y él mismo será visto entre ellos,
y reinará con las patrias virtudes un mundo aplacado.

Para ti, criatura, producirá sin cultivo la tierra los primeros presentes:
hiedras que ascienden en todo lugar con su flor de perfume
y colocasias mezcladas con el acanto riente.
Volverán por sí mismas las cabras a casa, llenas las ubres
de leche, y no temará la vacada a los grandes leones.
Para ti, en tu cuna misma sacarán las flores delicados perfumes.
Morirá la serpierte, y morirá la hierba falaz de veneno
y nacerá por doquier el amomo de Asiria.

Cuando puedas leer los lauros heroicos y hazañas paternas
y saber cuál es de la virtud el sentido,
las undosas espigas irán poco a poco dorando los campos
y penderá la uva roja de las zarzas silvestres
y destilarán las rudas encinas una miel en rocío.
Pero huellas aún quedarán de la maldad que se ha ido,
que ordenarán cruzar el piélago a las naves,
amurallar las ciudades y cavar en la tierra los surcos.
Habrá otro Tifis entonces y otro Argo que arrastre
a los héroes señalados, y habrá también otras guerras
y a Troya será enviado de nuevo el ínclito Aquiles.
Cuando, después, una edad más madura un hombre te haga,
dejará el mismo piloto los mares, y el náutico pino
comercio no hará: dará toda tierra todas las cosas.
No soportará el campo el arado, ni el viñedo las hoces;
soltará el campesino robusto el yugo a los bueyes;
y ya la lana no tendrá que imitar colores diversos,
que el propio carnero mudará suavemente el vellón en los prados
ya en mírice rojo, ya en azafrán amarillo;
y a los corderos que pacen vestirá el escarlata.

"Corred, siglos tales", dijeron a sus hilos las Parcas
conformes a la inmutable voluntad de los hados.
¡Dirígete, oh, a los cargos mayores, que ya el tiempo se acerca,
amado descendiente de dioses, vástago ilustre de Jove!
Observa en su figura oscilante el disco del mundo,
y las tierras y el mar y la anchura del cielo:
observa cómo todas las cosas sonríen ante el siglo que viene.

Oh, para mí esté reservada la última edad de la vida,
el ánimo y cuanto hace falta para narrar tus hazañas:
no me vencerá en la poesía ni Orfeo de Tracia
ni Lino, aunque tenga la inspiración de su padre y su madre,
Calíope para Orfeo, para Lino Apolo hermoso.
Tampoco Pan, si con la Arcadia por juez se enfrentara conmigo,
también Pan, con la Arcadia por juez, se diría vencido.
Empieza, pequeño, a conocer por la risa a tu madre:
soportó en diez meses tu madre interminables dolores.
Empieza, pequeño: a quien no sonríe a sus padres,
ni un dios lo admite en su mesa ni una diosa en el tálamo.


La Bucólica menos "bucólica" empieza paradójicamente con una invocación a las musas "sicélides" (sicilianas), que son las inspiradoras de Teócrito, padre del género. Como lectores actuales, vemos en lo sucesivo un canto a una edad de oro que se aproxima, y que viene determinada por el nacimiento de un niño del que se oculta deliberadamente el nombre, y que bien podría ser el hijo del mentado cónsul Polión (Salonino, que irónicamente murió poco después) o incluso el propio Augusto. El poema tiene varios elementos órficos y esotéricos que Virgilio debió de conocer bastante bien, como deja ver por lo grande en su libro VI de la Eneida. Con esto, que en la Edad Media se identificara con Cristo al niño enigmático parece bastante esperable. Un comentario del filólogo Nicolás Trivet (del siglo XIV, que no tenemos on-line) lleva a cabo una exégesis bastante ingeniosa de los versos. Virgilio, obviamente, no pudo ser profeta cristiano, por lo que simplemente está exponiendo lo que le oyó decir a la Sibila, que según San Agustín habría hablado de Cristo. Viene después toda una "descifración" de las alegorías: la tierra se verá libre de los "temores eternos" después de la redención de los pecados, los "héroes" son los santos, las "hiedras errantes" son los reyes magos con los "primeros regalos", los "grandes leones" son los pueblos perseguidores que no conocen la doctrina cristiana, Herodes es la "serpiente", los "lauros heroicos" son los evangelios, las "otras guerras" simbolizan la persecución de la Iglesia, etc.

Todo ello habría quedado en piadosa patochada si no fuera por el pasaje de Isaías 11:1-16, que dice (traducción de la Vulgata) lo siguiente:

[1] et egredietur virga de radice Iesse et flos de radice eius ascendet [2] et requiescet super eum spiritus Domini spiritus sapientiae et intellectus spiritus consilii et fortitudinis spiritus scientiae et pietatis [3] et replebit eum spiritus timoris Domini non secundum visionem oculorum iudicabit neque secundum auditum aurium arguet [4] sed iudicabit in iustitia pauperes et arguet in aequitate pro mansuetis terrae et percutiet terram virga oris sui et spiritu labiorum suorum interficiet impium [5] et erit iustitia cingulum lumborum eius et fides cinctorium renis eius

[6] habitabit lupus cum agno et pardus cum hedo accubabit vitulus et leo et ovis simul morabuntur et puer parvulus minabit eos [7] vitulus et ursus pascentur simul requiescent catuli eorum et leo quasi bos comedet paleas [8] et delectabitur infans ab ubere super foramine aspidis et in caverna reguli qui ablactatus fuerit manum suam mittet [9] non nocebunt et non occident in universo monte sancto meo quia repleta est terra scientia Domini sicut aquae maris operientes [10] in die illa radix Iesse qui stat in signum populorum ipsum gentes deprecabuntur et erit sepulchrum eius gloriosum

[11] et erit in die illa adiciet Dominus secundo manum suam ad possidendum residuum populi sui quod relinquetur ab Assyriis et ab Aegypto et a Fetros et ab Aethiopia et ab Aelam et a Sennaar et ab Emath et ab insulis maris [12] et levabit signum in nationes et congregabit profugos Israhel et dispersos Iuda colliget a quattuor plagis terrae [13] et auferetur zelus Ephraim et hostes Iuda peribunt Ephraim non aemulabitur Iudam et Iudas non pugnabit contra Ephraim [14] et volabunt in umeros Philisthim per mare simul praedabuntur filios orientis Idumea et Moab praeceptum manus eorum et filii Ammon oboedientes erunt [15] et desolabit Dominus linguam maris Aegypti et levabit manum suam super Flumen in fortitudine spiritus sui et percutiet eum in septem rivis ita ut transeant per eum calciati [16] et erit via residuo populo meo qui relinquetur ab Assyriis sicut fuit Israhel in die qua ascendit de terra Aegypti .

-------------------------------------------------------------------

Y encaminará sus pasos una rama de la raíz de Jesé y ascenderá el fruto de su raíz. Y descansará sobre él el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y comprensión, espíritu de determinación y de poder, espíritu de conocimiento y de piedad. Y proveerá esto el espíritu del temor al Señor. No juzgará a partir de lo que vean sus ojos ni se resolverá a partir de lo que oigan sus oídos, sino que juzgará en la justicia a los pobres y se decidirá en favor de los mansos de la tierra, y atravesará la tierra la rama de su boca y dará muerte al impío el espíritu de sus labios. Y la justicia estará ceñida a sus espaldas y se ceñirá la fe a su cintura. Vivirá en lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y se detendrán en igualdad el león y la oveja, y será su pastor un niño pequeño. Pacerán iguales el cabrito y el oso, y podrán descansar sus cachorros, y el león comerá pasto como el buey. Y jugará el niño desde la infancia más tierna en la madriguera de la serpiente, y recién destetado llevará la mano al hoyo del basilisco. No se dará muerte ni se morirá en todo mi monte santo porque la tierra estará llena de sabiduría como desbordando de agua está el mar. En aquel día la raíz de Jesé que se levanta como estandarte de los pueblos será buscada con insistencia por las gentes y será su sepulcro glorioso. Y será en aquel día cuando el Señor alce su mano para tomar posesión de su pueblo y de lo que reste de Asiria, Egipto, Fetros, Etiopía, Elam, Senaar, Emath y las islas del mar. Y levantará su estandarte a las naciones, y congregará a los prófugos de Israel, y tomará a los exiliados de Judá entre las cuatro regiones de la tierra. Y se desvanecerá la envidia de Efraím y perecerán los enemigos de Judá. Efraím no envidiará a Judá y Judá no luchará contra Efraím. Y se extenderán hacia las costas de los filisteos a través del mar y saquearán a los hijos del Oriente. Idumea y Noab tomarán el precepto de sus manos, y les obedecerán los hijos de Amón. Y secará el Señor la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el río en el poder de su espíritu, y herirá sus siete ríos, de modo que puedan atraversarlo los calzados. Y habrá un camino para lo que quede de mi pueblo y los que sigan en Asiria, como hubo para Israel el día en que partió de la tierra de Egipto.


Si Virgilio tuvo presente o no este pasaje para componer la égloga, es algo que difícilmente se podrá llegar a conocer. Es tentador pensar que pudo haber llegado a tener en sus manos alguna traducción de la Biblia de los Setenta, pero es también bastante complicado de comprobar. Nada niega, eso sí, que pudiera haber sido consciente de algún tipo de prácticas proféticas mediterráneas de corte esotérico, que tuvo que investigar para la Eneida, y en la que se juntasen y confundiesen elementos paganos de la Edad de Oro con otros más cercanos al mundo judío.

El poema, ya en su propia época, no pasó desapercibido en absoluto. Horacio compuso su epodo 16 evidentemente inspirado en aquél. Se trata en realidad de una reformulación del concepto: la decadencia de Roma obliga a la "mejor parte" de los ciudadanos a embarcar en busca de una tierra bendita en que sigue presente la edad de oro. No hay precisamente ninguna profecía cristiana en todo esto, pero no dejaría de ser simpático entroncarlo con las islas Afortunadas y el reino del Preste Juan. Aunque dejémoselo a los maestros.


Altera iam teritur bellis civilibus aetas,
suis et ipsa Roma viribus ruit.
quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi
minacis aut Etrusca Porsenae manus,
aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer
novisque rebus infidelis Allobrox
nec fera caerulea domuit Germania pube
parentibusque abominatus Hannibal:
inpia perdemus devoti sanguinis aetas
ferisque rursus occupabitur solum:
barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem
eques sonante verberabit ungula,
quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
(nefas videre) dissipabit insolens.
forte quid expediat communiter aut melior pars,
malis carere quaeritis laboribus;
nulla sit hac potior sententia: Phocaeorum
velut profugit exsecrata civitas
agros atque lares patrios habitandaque fana
apris reliquit et rapacibus lupis,
ire, pedes quocumque ferent, quocumque per undas
Notus vocabit aut protervos Africus.
sic placet? an melius quis habet suadere? Secunda
ratem occupare quid moramur alite?
sed iuremus in haec: 'simul imis saxa renarint
vadis levata, ne redire sit nefas;
neu conversa domum pigeat dare lintea, quando
Padus Matina laverit cacumina,
in mare seu celsus procurrerit Appenninus
novaque monstra iunxerit libidine
mirus amor, iuvet ut tigris subsidere cervis,
adulteretur et columba miluo,
credula nec ravos timeant armenta leones
ametque salsa levis hircus aequora.'
haec et quae poterunt reditus abscindere dulcis
eamus omnis exsecrata civitas
aut pars indocili melior grege; mollis et exspes
inominata perpremat cubilia.
vos, quibus est virtus, muliebrem tollite luctum,
Etrusca praeter et volate litora.
nos manet Oceanus circum vagus: arva beata
petamus, arva divites et insulas,
reddit ubi cererem tellus inarata quotannis
et inputata floret usque vinea,
germinat et numquam fallentis termes olivae
suamque pulla ficus ornat arborem,
mella cava manant ex ilice, montibus altis
levis crepante lympha desilit pede.
illic iniussae veniunt ad mulctra capellae
refertque tenta grex amicus ubera
nec vespertinus circumgemit ursus ovile
nec intumescit alta viperis humus;
pluraque felices mirabimur, ut neque largis
aquosus Eurus arva radat imbribus,
pinguia nec siccis urantur semina glaebis,
utrumque rege temperante caelitum.
non huc Argoo contendit remige pinus
neque inpudica Colchis intulit pedem,
non huc Sidonii torserunt cornua nautae,
laboriosa nec cohors Vlixei.
nulla nocent pecori contagia, nullius astri
gregem aestuosa torret impotentia.
Iuppiter illa piae secrevit litora genti,
ut inquinavit aere tempus aureum,
aere, dehinc ferro duravit saecula, quorum
piis secunda vate me datur fuga.

-----------------------------------------------------------------

Ya otra generación consumen las guerras civiles
y su propia violencia lleva a Roma a la ruina.
A la que no pudieron conducir a la desgracia los marsos limítrofes
o la etrusca mano del amenazador Porsena,
ni la rivalizadora virtud de Capua ni el agudo Espartaco
ni el alóbroge traidor con sus revoluciones;
a la que no venció ni la fiera Germania con sus jóvenes rubios
ni Aníbal, odioso a nuestros padres:
a ésa la arruinamos nosotros, generación sacrílega, devotos de la sangre,
y volverán las fieras a habitar nuestro suelo:
el bárbaro, ay, pasará vencedor sobre las cenizas
y el jinete azotará la ciudad con el trote sonante,
y a los huesos de Rómulo, que no conocen el sol ni los vientos,
(oh sacrilegio) esparcirá insolente.
¿Quién o qué mejor parte de vosotros no buscaríais unidos y con afán
libraros de los desgraciados infortunios?
Nada hay preferible a esto: como huyó
la ciudad maldita de los foceos
de los campos y patrios lares, y dejó los templos
para que los pueblen los jabalíes y lobos voraces,
así a ir adonde conduzcan los pies o las olas
llamará el Noto o el Ábrego violento.
¿Os parece? ¿Quién puede incitarnos a algo mejor?
¿A qué demorarnos a entrar en la nave, habiendo favorables presagios?
Mas juremos así: "Igual que las piedras pequeñas flotan en la superficie
llevadas por las aguas, regresar no sería impío;
no cause dolor el volver a casa
cuando el Pado lave las cumbres Matinas,
o sobresalga en el mar un elevado Apenino,
y una en el deseo un amor admirable
a monstruos inauditos, de modo que el tigre se junte con el ciervo
y el milano cometa adulterio con la paloma,
y no tema el confiado ganado a los grandes leones
y ame el imberbe carnero los mares salados".
Y una vez malditas estas cosas que podrán
impedir el dulce regreso, vayamos toda la urbe
o la parte mejor que el indócil rebaño; débil y sin esperanza
no se separe éste de su hogar inefable.
Vosotros que poseéis la virtud deponed esa femenil tristeza
y volad más allá de las costas etruscas.
Ante nosotros se extiende el Océano: vayamos
hacia campos felices, ricos campos e islas,
donde la tierra vuelve sin arar año tras año a las mieses,
y sin necesidad de poda florecen siempre los viñedos,
y germina la rama del olivo que nunca se oculta
y su árbol adornan los negros higos;
manan las mieles del hueco de la encina
y baja la linfa ligera con retumbante sonido.
Aquí la cabra se ofrece por sí sola al rebaño
y no brama alrededor del establo un oso vespertino
ni la tierra alta se hincha en serpientes.
Y mucho nos admiraremos de que el líquido Euro
no roce los campos con largos canales
y de que no ardan las fértiles simientes en las áridas tierras,
bajo el gobierno prudente de un monarca divino.
No se encaminó remando hacia aquí ni el Argo de pino
ni dejó su huella la impúdica Cólquide,
no viraron hacia aquí las proas del marinero Sidonio
ni la laboriosa cohorte de Ulises.
No hay peste alguna que diezme el ganado
ni abrasa a la grey la ardiente violencia de astro ninguno.
Apartó Júpiter aquellas costas de estirpe piadosa
cuando manchó con bronce el tiempo de oro,
con bronce del cual imprimió firmeza a los siglos de hierro,
de los cuales una segunda huida se les ofrece a los virtuosos, siendo yo el profeta.


Vale.

viernes, 8 de abril de 2011

Experiencias sánscritas




Está probado que todos los manuscritos de textos religiosos de la India se han transmitido sin una sola variante, después de estar relegados durante siglos a la memoria de las distintas generaciones, conscientes de que cambiar una palabra era romper de algún modo lo que debía permanecer inmutable, lo ananta.

La lengua sagrada de los indios, que encripta todo lo que puede ofrecer una cultura infinita, parece que ahonda en ese mismo criterio. Su gramática, infernal, se alarga en más conjugaciones y declinaciones que el latín y el griego juntos, marca -con el sandhi- las precisiones y el discurso de la lengua hablada, deja paso con su sintaxis al monólogo interior como forma habitual de "subordinación completiva", y conserva los 8 casos indoeuropeos y el número dual de manera totalmente viva. Su sistema de escritura, preciso hasta la extenuación, perfecciona el utilizado por los vecinos de lenguas semíticas distinguiendo gráficamente incluso la cantidad de todas las vocales. Su vocabulario, abundante, fue exprimido hasta límites atroces para crear compuestos para divertimento de los autores. Hubo un tiempo en que la tierra entera hablaba sánscrito, y la degeneración de la humanidad provocó también la degeneración y mutilación del idioma originario en el enorme babel que ya conocían los indios.

Subo aquí una traducción de principiante de un texto bastante recurrente: Hitopadesa, II, 5 (lit.: "enseñanza provechosa"). Un sabio ha llegado a la corte de un rey, y éste le ruega que instruya a sus hijos, de donde procede la excusa para ir sumando historitas moralizantes con una técnica narrativa que invita a recordar a Las mil y una noches. Las leyendas de un libro parejo, el Panchatantra, pasaron a Europa a través de los árabes y enseñan el origen de cosas tan castizas como el cuento de la lechera. El texto en cuestión se trata de una leyenda simpática del Nepal en la que se hace referencia al culto y temor del demonio Ghantakarna, de orejas de campana, y que mezcla elementos tan recurrentes en la India como la vieja y los monos:

(transcrip) asti sriparvatamadhye Brahmapurabhidhanam nagaram. tacchailasikhare Ghantakarno nama raknasah prativasatiti janapavadah sada sruyate. ekada ghantam adaya palayamanah kascic cauro vyaghrena vyapaditah khaditas ca. tatpanipatita ghanta vanaraih prapta. te ca vanaras tam ghantam sarvadaiva vadayanti. tatas tannagarajanaih sa manunyah khadito drstah. pratiksanam ca ghantavadah sruyate. anantarah Ghantakarnah kupito manusyan khadati ghantam ca vadayatity uktva janah sarve nagarat palayitah. tatah kuttanya vimlnya markata ghantam vadayantiti svayaõ parijñaya raja vijñapitah: deva yadi dhanopaknayab kriyate, tadaham enaõ Ghantakarnah sadhayami. tato rajña dhanam dattam. kuttanya ca svayam vanarapriyaphalany adaya vanam pravisya phalany akirnani. tato ghantam parityajya vanarah phalasakta babhuvub. kuttani ghantam glhitva samayata sakalalokapujyabhavat.


Hay en medio de la montaña Sripárvata una ciudad llamada Brahmapura. Siempre se escucha un rumor entre la gente según el cual un demonio de nombre Ghantakarna habita la cumbre de esa montaña. Una vez, un tigre dio muerte a cierto ladrón que huía después de robar una campana, y los monos cogieron la campana que se le había caído de las manos, haciéndola sonar continuamente. La gente de la ciudad, entonces, vio al hombre devorado, oyéndose a cada momento el sonido de la campana. Toda la gente huyó de la ciudad diciendo que Ghantakarna, encolerizado, estaba devorando hombres y hacía sonar sus campanas. Y entonces una alcahueta, que se había dado cuenta de que eran los monos los que hacían sonar la campana, le dice al rey: "Divinidad, si se me recompensa traeré al orden a Ghantakarna". El rey le entrega dinero, y la alcahueta, entrando en el bosque, esparce por él unos frutos queridos por los monos. Los monos sueltan la campana y se lanzan hacialos frutos. La alcahueta toma la campana y al volver todo el mundo la considera digna de veneración.


Vale.

domingo, 6 de marzo de 2011

La noche cíclica


Borges es un autor extraño. No sólo porque deliberadamente es más lector que escritor, sino también, y sobre todo, por esa estructura literaria que aúna intertextualidad, ironía, juegos, ingenio e inteligencia. Es de los pocos que ha conseguido reconciliar en su pluma el estilo literario con la filosofía, haciendo de la última una materia más de composición de la que se pueden exprimir jugos que pocas veces se habían saboreado. Toma y utiliza los componentes del pensamiento racional, los desmenuza, los renueva, los enriquece y los reescribe de una manera atípica, con una falta de "adecuación" (en el sentido retórico) que sin embargo puede resultar elegante. Se comporta como un habitante de su propio Tlön que a su vez escribe sobre sí mismo. Un poema suyo que acabara en un te duce, Caesar podría llegar a convertirse en toda una alabanza, o parodia velada, de la eternidad de los caracteres proféticos. Quizá a alguien se le haya ocurrido ya imitar su técnica de composición.

Subo hoy aquí su poema La noche cíclica. El título no podría ser más apropiado: la noche, imagen literaria que baña los versos, trae subordinado a ella el adjetivo cíclico, que es el concepto filosófico que trata. Bajo unos alejandrinos sonoros -aunque no excesivamente-, desarrolla la reflexión de Hume según la cual la materia, totalmente finita, nace y muere en un ciclo infinito. El poema se convierte en un canto al eterno retorno que va desde un estadio inicial universal (moderno), histórico y glorioso, a un plano más personal e intimista, del que poco a poco se va recuperando hasta acabar, magistralmente, con el mismo verso que al principio. Se pasa de Roma a Buenos Aires, de Buenos Aires al propio Borges (que al mismo tiempo es todos los Borges), y de ahí se regresa a los idolatrados personajes que supieron lo que él está observando, en un plano presente (Ahí está...). La parte personal implica que hay un sujeto lírico, y ese sujeto lírico parece contemplar el Aleph.

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»


Vale.

domingo, 27 de febrero de 2011

Yo soy la locura

Me he encontrado no hace mucho con esta cancioncilla del XVII, atribuida a un tal Henri de Bailly:



Yo soy la locura,
la que sola infundo
placer y dulzura
y contento al mundo.

Sirven a mi nombre
todos mucho o poco,
Y no, no hay hombre
que piense ser loco.


La letra, extraña, es un canto del Barroco a uno de sus motivos más recurrentes, absorbiendo aquí el poema hasta tal punto que la locura habla por su propia boca. La música resulta chocante, en principio: es excesivamente relajada, monótona, sujeta a un orden. Parece tratarse de una solitaria y reposada reflexión del músico que ve delante de él, como quien mira el mundo, un caos que se digna a hablarle. Quizá el autor haya esbozado una sonrisa.

Vale.