jueves, 18 de agosto de 2011

Portugal, la Cruz y la Rosa



Llegar con una edición de las Bucólicas en la mochila a pleno corazón del Xurés es un crimen permitido, pero que tendrá un criminal menos. El paisaje agreste, los peñascos, las águilas, la hierba parda y la escasa arboleda dan cuenta de una imagen de verano que es desde luego melancólica, pero que apenas tiene nada de lírica. Sólo el silencio y el agua fresca de la sierra se escapan del concepto. En el siglo XX el gallego de la lluvia y la niebla venció al de la nieve y la helada, pero el que se sabe de montaña no debe olvidarse de sí mismo.

Llegué a la aldea de Pitôes das Júnias hacia las últimas horas de la tarde, tras un ascenso lento desde la planicie del Salas, que es como mencionar el confín de la geografía española. El empedrado a la romana, los lirios y las cruces eran la representación de un Portugal que había encontrado sin buscar, y que me sobrecogió de pronto. Si la esencia del portugués está en la saudade y en su rey don Sebastián, aquello era la plasmación de la esencia misma. Me dio la sensación de que no había Portugal más puro que el Portugal del norte, y supe lo ridículo del iberismo, corriente que no puede ser más urbana e infame.

Pienso que es un país que España nunca llegará a comprender del todo. Tiene un elemento místico y mágico que es el germen de las cantigas, y que está en clara antagonía con el realismo de la Castilla del Cid. Y hay lugares como este, que parecen querer seguir esperando la llegada de un nuevo don Sebastián, o Bernabé el Encubierto. Lugares en los que ya pensó Pessoa, que ya tienen la Cruz, y que tan sólo hace falta que uno intuya la Rosa. Al fin y al cabo:

Que symbolo fecundo
Vem na aurora anciosa?
Na Cruz Morta do Mundo
A Vida, que é a Rosa.

Que symbolo divino
Traz o dia já visto?
Na Cruz, que é o Destino,
A Rosa, que é o Christo.

Que symbolo final
Mostra o sol já disperto?
Na Cruz morta e fatal
A Rosa do Encoberto.


Vale.